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EDAD MEDIA
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MESTER DE JUGLARÍA
Siglo XII
|
MESTER DE CLERECÍA
Siglo XIII
|
AUTORÍA
|
Obras de carácter
anónimo. |
Obras de autor
conocido. Orgullo de haber compuesto una obra literaria. |
INTENCIÓN
|
Su objetivo es
entretener e informar sobre hechos de interés popular. |
Su finalidad es
enseñar y adoctrinar mediante los relatos. |
FUENTES
|
La realidad es
motivo de inspiración para el juglar. |
El saber acumulado
en las bibliotecas de los monasterios. |
DIFUSIÓN
|
Transmisión oral.
Las obras se recitaban de memoria. |
La obra se creaba
para que fuera leída individual o colectivamente. Era escrita. |
TEMÁTICA
|
Cantos épicos,
gestas heroicas, poemas amorosos... |
Poemas de tipo
religioso sobre la Virgen, los santos, la historia nacional... |
|
MÉTRICA Y LENGUAJE LITERARIO
|
Métrica irregular en
el número de sílabas. Rima asonante. No se utilizan recursos literarios complejos. |
Se utiliza la
cuaderna vía. Rima consonante. Metáforas, símbolos, alegorías... |
martes, 26 de noviembre de 2013
LENGUA Y LITERATURA - Mester de Juglaría vs Mester de Clerecía
jueves, 14 de noviembre de 2013
LENGUA Y LITERATURA - TEXTOS MEDIEVALES
1.
Alargó entonces las manos el de la barba florida,
Y a las niñas sus dos hijas en los brazos las cogía;
Al corazón acercó las porque mucho las quería.
Con lágrimas en los ojos muy fuertemente suspira;
-Oídme, doña Jimena, tan entera mujer mía;
Como yo quiero a mi alma, otro tanto a vos quería.
Yo he de irme, y de este modo vos quedáis en compañía.
Rogad a nuestro Señor, rogad a Santa María,
Que con mis manos alcance con que casar a mis hijas.
2.
En Valencia con los suyos vivía el Campeador;
con él estaban sus yernos, Infantes de Carrión.
Un día que el Cid dormía en su escaño, sin temor,
un mal sobresalto entonces, sabed, les aconteció:
Escapóse de una jaula, saliendo fuera, un león.
Los que estaban en la Corte sintieron un gran
temor;
recogiéronse sus mantos __ los del buen Campeador,
y rodean el escaño en guarda de su señor.
Allí Fernando González, Infante de Carrión,
ni en las salas ni en la torre donde esconderse encontró;
metióse bajo el escaño, tan grande fije su
pavor.
Diego González, el otro, por la puerta se salió
Tras la viga de un lagar metióse con gran temor;
todo el manto y el brial sucios de allí los
sacó.
En esto que se despierta el que en buen hora nació;
de sus mejores guerreros cercado el escaño vio:
-Es que, mi señor honrado, un susto nos dio el león.
Apoyándose en el codo, en pie el Cid se levantó:
El manto se pone al cuello y encaminóse al león.
La fiera, cuando vio al Cid al punto se avergonzó;
allí bajó la cabeza, y ante él su faz humilló.
Nuestro Cid Rodrigo Díaz por el cuello lo tomó,
y lo lleva de su diestra y en la jaula lo metió.
A maravilla lo tiene todo el que lo contempló.
Volviéronse hacia la sala donde tienen la reunión.
Por sus dos yernos Rodrigo preguntó, y no los halló;
aunque a gritos los llamaban, ni uno ni otro
respondió,
y cuando los encontraron, los hallaron sin
color.
No vieseis allí qué burlas hubo en aquella ocasión;
mandó que tal no se hiciese___nuestro Cid Campeador.
Sintiéronse avergonzados Infantes de Carrión;
fiera deshonra les pesa de lo que les ocurrió.
3.
Por
el robledal de Corpes entran los de
Carrión
Nubes
y ramas se juntan. ¡Cuán altos los
montes son!
Rondaban
bestias muy fieras por el monte,
alrededor.
Cerca
de una limpia fuente un vergel allí
creció;
mandaron
alzar la tienda los Infantes de
Carrión.
En
brazos de sus mujeres les demostraron
su amor.
¡Qué
mal luego lo cumplieron a la salida
del sol! [...]
Todos
los demás se han ido, los cuatro solos
¡Por Dios!
¡Cuánto
mal que imaginaron los Infantes de
Carrión!
-Tenedlo
así por muy cierto, doña elvira y doña
Sol.
Aquí
os escarneceremos en este fiero
rincón,
y
nosotros nos iremos; quedaréis aquí
las dos.
Ninguna
parte tendréis de las tierras de
Carrión.
Estas
noticias irán a ese Cid Campeador.
Ahora
nos vengaremos por la afrenta del
león.
Allí
las pieles y mantos quitáronles a las
dos
sólo
camisas de seda sobre el cuerpo les
quedó.
Espuelas
tienen calzadas los traidores de
Carrión;
en
sus manos cogen cinchas, muy fuertes y
duras son.
Cuando
esto vieron las dueñas, les habla doña
Sol:
-¡Ay
don Diego y don Fernando! Esto os
rogamos, por Dios:
ya
que tenéis dos espadas, que tan
cortadoras son,
(a
la una dicen Colada y a la otra llaman
Tizón)
Nuestras
cabezas cortad; dadnos martirio a las
dos. [...]
Lo
que pedían las dueñas; de nada allí
les sirvió.
Comienzan
a golpearlas los Infantes de Carrión;
con
las cinchas corredizas las azotan con
rigor;
con
las espuelas agudas les causan un gran
dolor;
les
rasgaron las camisas y las carnes a
las dos;
allí
las telas de seda limpia sangre las
manchó;
bien
que lo sentían ellas en su mismo
corazón.
¡Qué
ventura sería ésta, si así lo quisiera
Dios
que
apareciese allí entonces nuestro Cid
Campeador!
¡Tanto
allí las azotaron! Sin fuerzas quedan
las dos.
Sangre
mancha las camisas y los mantos de
primor.
Cansados
están de herirlas los Infantes de
Carrión.
Prueban
una y otra vez quién las azota mejor.
Ya
no podían ni hablar dolña Elvira y
doña Sol.
En
el robledo de Corpes por muertas
quedan las dos.
4.
Conde
Niño, por amores
es niño y pasó a la mar;
va a dar agua a su caballo
la mañana de San Juan.
Mientras el caballo bebe
él canta dulce cantar;
todas las aves del cielo
se paraban a escuchar;
caminante que camina
olvida su caminar,
navegante que navega
la nave vuelve hacia allá.
La reina estaba labrando,
la hija durmiendo está:
-Levantaos, Albaniña,
de vuestro dulce folgar,
sentiréis cantar hermoso
la sirenita del mar.
-No es la sirenita, madre,
la de tan bello cantar,
si no es el Conde Niño
que por mí quiere finar.
¡Quién le pudiese valer
en su tan triste penar!
-Si por tus amores pena,
¡oh, malhaya su cantar!,
y porque nunca los goce
yo le mandaré matar.
-Si le manda matar, madre
juntos nos han de enterrar.
Él murió a la media noche,
ella a los gallos cantar;
a ella como hija de reyes
la entierran en el altar,
a él como hijo de conde
unos pasos más atrás.
De ella nació un rosal blanco,
de él nació un espino albar;
crece el uno, crece el otro,
los dos se van a juntar;
las ramitas que se alcanzan
fuertes abrazos se dan,
y las que no se alcanzaban
no dejan de suspirar.
La reina, llena de envidia,
ambos los mandó cortar;
el galán que los cortaba
no cesaba de llorar;
della naciera una garza,
dél un fuerte gavilán
juntos vuelan por el cielo,
juntos vuelan a la par.
es niño y pasó a la mar;
va a dar agua a su caballo
la mañana de San Juan.
Mientras el caballo bebe
él canta dulce cantar;
todas las aves del cielo
se paraban a escuchar;
caminante que camina
olvida su caminar,
navegante que navega
la nave vuelve hacia allá.
La reina estaba labrando,
la hija durmiendo está:
-Levantaos, Albaniña,
de vuestro dulce folgar,
sentiréis cantar hermoso
la sirenita del mar.
-No es la sirenita, madre,
la de tan bello cantar,
si no es el Conde Niño
que por mí quiere finar.
¡Quién le pudiese valer
en su tan triste penar!
-Si por tus amores pena,
¡oh, malhaya su cantar!,
y porque nunca los goce
yo le mandaré matar.
-Si le manda matar, madre
juntos nos han de enterrar.
Él murió a la media noche,
ella a los gallos cantar;
a ella como hija de reyes
la entierran en el altar,
a él como hijo de conde
unos pasos más atrás.
De ella nació un rosal blanco,
de él nació un espino albar;
crece el uno, crece el otro,
los dos se van a juntar;
las ramitas que se alcanzan
fuertes abrazos se dan,
y las que no se alcanzaban
no dejan de suspirar.
La reina, llena de envidia,
ambos los mandó cortar;
el galán que los cortaba
no cesaba de llorar;
della naciera una garza,
dél un fuerte gavilán
juntos vuelan por el cielo,
juntos vuelan a la par.
jueves, 24 de octubre de 2013
LENGUA - EJERCICIOS ELEMENTOS DE LA NARRACIÓN
Hace muchos años, en un reino
lejano, una reina dio a luz una hermosa niña.
Para la fiesta del bautizo, los reyes invitaron a todas las hadas del reino pero, desgraciadamente, se olvidaron de invitar a la más malvada.
Aunque no haya sido invitada, la hada maligna se presentó al castillo y, al pasar delante de la cuna de la pequeña, le puso un maleficio diciendo: " Al cumplir los dieciséis años te pincharás con un huso y morirás". Al oír eso, un hada buena que estaba cerca, pronunció un encantamiento a fin de mitigar la terrible condena: "Al pincharse en vez de morir, la muchacha permanerá dormida durante cien años y solo el beso de un buen príncipe la despertará."
Pasaron los años y la princesita se convirtió en una muchacha muy hermosa. El rey había ordenado que fuesen destruidos todos los husos del castillo con el fin de evitar que la princesa pudiera pincharse. Pero eso de nada adelantó. Al cumplir los dieciséis años, la princesa acudió a un lugar desconocido del castillo y allí se encontró con una vieja sorda que estaba hilando. La princesa le pidió que le dejara problar. Y ocurrió lo que el hada mala había previsto: la princesa se pinchó con el huso y cayó fulminada al suelo.
Después de variadas tentativas nadie consiguió vencer el malefício y la princesa fue tendida en una cama llena de flores. Pero el hada buena no se daba por vencida. Tuvo una brillante idea. Si la princesa iba a dormir durante cien años, todos del reino dormirian con ella. Así, cuando la princesa despertarse tendría todos a su alrededor. Y así lo hizo. La varita dorada del hada se alzó y trazó en el aire una espiral mágica. Al instante todos los habitantes del castillo se durmieron. En el castillo todo había enmudecido. Nada se movía, ni el fuego ni el aire. Todos dormidos.
Alrededor del castillo, empezó a crecer un extraño y frondoso bosque que fue ocultando totalmente el castillo en el transcurso del tiempo. Pero al término del siglo, un príncipe, que estaba de caza por allí, llegó hasta sus alrededores. El animal herido, para salvarse de su perseguidor, no halló mejor escondite que la espesura de los zarzales que rodeaban el castillo.
El príncipe descendió de su caballo y, con su espada, intentó abrirse camino. Avanzaba lentamente porque la maraña era muy densa. Descorazonado, estaba a punto de retroceder cuando, al apartar una rama, vio... Siguió avanzando hasta llegar al castillo. El puente levadizo estaba bajado. Llevando al caballo sujeto por las riendas, entró, y cuando vio a todos los habitantes tendidos en las escaleras, en los pasillos, en el patio, pensó con horror que estaban muertos, Luego se tranquilizó al comprobar que solo estaban dormidos. "¡Despertad! ¡Despertad!", chilló una y otra vez, pero fue en vano.
Cada vez más extrañado, se adentró en el castillo hasta llegar a la habitación donde dormía la princesa. Durante mucho rato contempló aquel rostro sereno, lleno de paz y belleza; sintió nacer en su corazón el amor que siempre había esperado en vano. Emocionado, se acercó a ella, tomó la mano de la muchacha y delicadamente la besó... Con aquel beso, de pronto la muchacha se desesperezó y abrió los ojos, despertando del larguísimo sueño. Al ver frente a sí al príncipe, murmuró: ¡Por fin habéis llegado! En mis sueños acariciaba este momento tanto tiempo esperado." El encantamiento se había roto.
La princesa se levantó y tendió su mano al príncipe. En aquel momento todo el castillo despertó. Todos se levantaron, mirándose sorprendidos y diciéndose qué era lo que había sucedido. Al darse cuenta, corrieron locos de alegría junto a la princesa, más hermosa y feliz que nunca.
Al cabo de unos días, el castillo, hasta entonces inmerso en el silencio, se llenó de música y de alegres risas con motivo de la boda.
Para la fiesta del bautizo, los reyes invitaron a todas las hadas del reino pero, desgraciadamente, se olvidaron de invitar a la más malvada.
Aunque no haya sido invitada, la hada maligna se presentó al castillo y, al pasar delante de la cuna de la pequeña, le puso un maleficio diciendo: " Al cumplir los dieciséis años te pincharás con un huso y morirás". Al oír eso, un hada buena que estaba cerca, pronunció un encantamiento a fin de mitigar la terrible condena: "Al pincharse en vez de morir, la muchacha permanerá dormida durante cien años y solo el beso de un buen príncipe la despertará."
Pasaron los años y la princesita se convirtió en una muchacha muy hermosa. El rey había ordenado que fuesen destruidos todos los husos del castillo con el fin de evitar que la princesa pudiera pincharse. Pero eso de nada adelantó. Al cumplir los dieciséis años, la princesa acudió a un lugar desconocido del castillo y allí se encontró con una vieja sorda que estaba hilando. La princesa le pidió que le dejara problar. Y ocurrió lo que el hada mala había previsto: la princesa se pinchó con el huso y cayó fulminada al suelo.
Después de variadas tentativas nadie consiguió vencer el malefício y la princesa fue tendida en una cama llena de flores. Pero el hada buena no se daba por vencida. Tuvo una brillante idea. Si la princesa iba a dormir durante cien años, todos del reino dormirian con ella. Así, cuando la princesa despertarse tendría todos a su alrededor. Y así lo hizo. La varita dorada del hada se alzó y trazó en el aire una espiral mágica. Al instante todos los habitantes del castillo se durmieron. En el castillo todo había enmudecido. Nada se movía, ni el fuego ni el aire. Todos dormidos.
Alrededor del castillo, empezó a crecer un extraño y frondoso bosque que fue ocultando totalmente el castillo en el transcurso del tiempo. Pero al término del siglo, un príncipe, que estaba de caza por allí, llegó hasta sus alrededores. El animal herido, para salvarse de su perseguidor, no halló mejor escondite que la espesura de los zarzales que rodeaban el castillo.
El príncipe descendió de su caballo y, con su espada, intentó abrirse camino. Avanzaba lentamente porque la maraña era muy densa. Descorazonado, estaba a punto de retroceder cuando, al apartar una rama, vio... Siguió avanzando hasta llegar al castillo. El puente levadizo estaba bajado. Llevando al caballo sujeto por las riendas, entró, y cuando vio a todos los habitantes tendidos en las escaleras, en los pasillos, en el patio, pensó con horror que estaban muertos, Luego se tranquilizó al comprobar que solo estaban dormidos. "¡Despertad! ¡Despertad!", chilló una y otra vez, pero fue en vano.
Cada vez más extrañado, se adentró en el castillo hasta llegar a la habitación donde dormía la princesa. Durante mucho rato contempló aquel rostro sereno, lleno de paz y belleza; sintió nacer en su corazón el amor que siempre había esperado en vano. Emocionado, se acercó a ella, tomó la mano de la muchacha y delicadamente la besó... Con aquel beso, de pronto la muchacha se desesperezó y abrió los ojos, despertando del larguísimo sueño. Al ver frente a sí al príncipe, murmuró: ¡Por fin habéis llegado! En mis sueños acariciaba este momento tanto tiempo esperado." El encantamiento se había roto.
La princesa se levantó y tendió su mano al príncipe. En aquel momento todo el castillo despertó. Todos se levantaron, mirándose sorprendidos y diciéndose qué era lo que había sucedido. Al darse cuenta, corrieron locos de alegría junto a la princesa, más hermosa y feliz que nunca.
Al cabo de unos días, el castillo, hasta entonces inmerso en el silencio, se llenó de música y de alegres risas con motivo de la boda.
Hubo una vez una
joven muy bella que no tenía padres, sino madrastra, una viuda impertinente con
dos hijas a cual más fea. Era ella quien hacía los trabajos más duros de la
casa y como sus vestidos estaban siempre tan manchados de ceniza, todos la
llamaban Cenicienta.
Un día
el Rey de aquel país anunció que iba a dar una gran fiesta a la que invitaba a
todas las jóvenes casaderas del reino.
- Tú Cenicienta, no irás -dijo la
madrastra-. Te quedarás en casa fregando el suelo y preparando la cena para
cuando volvamos.
Llegó
el día del baile y Cenicienta apesadumbrada vio partir a sus hermanastras hacia
el Palacio Real. Cuando se encontró sola en la cocina no pudo reprimir sus
sollozos.
- ¿Por qué seré tan desgraciada?
-exclamó-. De pronto se le apareció su Hada Madrina.
- No te preocupes -exclamó el Hada-.
Tú también podrás ir al baile, pero con una condición, que cuando el reloj de
Palacio dé las doce campanadas tendrás que regresar sin falta. Y tocándola con
su varita mágica la transformó en una maravillosa joven.
La
llegada de Cenicienta al Palacio causó honda admiración. Al entrar en la sala
de baile, el Rey quedó tan prendado de su belleza que bailó con ella toda la
noche. Sus hermanastras no la reconocieron y se preguntaban quién sería aquella
joven.
En
medio de tanta felicidad Cenicienta oyó sonar en el reloj de Palacio las doce.
- ¡Oh, Dios mío! ¡Tengo que irme!
-exclamó-.
Como
una exhalación atravesó el salón y bajó la escalinata perdiendo en su huída un
zapato, que el Rey recogió asombrado.
Para
encontrar a la bella joven, el Rey ideó un plan. Se casaría con aquella que
pudiera calzarse el zapato. Envió a sus heraldos a recorrer todo el Reino. Las
doncellas se lo probaban en vano, pues no había ni una a quien le fuera bien el
zapatito.
Al fin
llegaron a casa de Cenicienta, y claro está que sus hermanastras no pudieron
calzar el zapato, pero cuando se lo puso Cenicienta vieron con estupor que le
estaba perfecto.
Y así
sucedió que el Príncipe se casó con la joven y vivieron muy felices.
LENGUA - EJERCICIOS DIPTONGOS, TRIPTONGOS E HIATOS
DIPTONGOS
E HIATOS
Situacion Grua Movimiento Aire
Maria Peon Poeta Direccion
Video Cacatua Peine Cuerpo
Juan Lucia Anciano Vuelven
Fuente Roedor Paseo Especial
Adios Caoba Reactor Beato
Periodico Entusiasmo Pueblo Lengua
Realizo Realizo Ejercicio Septiembre
Extraordinario Embarcacion Hundia Oceano
Murcielago Escuela Medio Andalucia
Cielo Maldiciones Cancion Tierra
Aceitunas Rascacielos Abierto Hierro
Abuela Campeon Europa Mutuo
Mercancia Boina Ruido Podeis
Freir Raices Reunion Julian
Horchateria Region Cuidate Oleo
Planear Deseo Sabeis Atencion
Tantear Estiercol Alfeizar Acuatico
Croacia Sandalia Teorico Espuela
Agua Realidad Espacio Caiman
Escualido Cientifico Ciudad Mareo
Caotico Galeon Merceria Mundialmente
Variedad Sonreir Leido Huella
Espontaneo Neolitico Cuero Espia
Torreon Generacion Tebeo Ciudades
Rompeolas Tranvia Aldeas Golpeado
Heroe Variada Estio Baul
Veraneo Pervivencia Vea Chimenea
Produccion Tia Industrial Rodeada
TRIPTONGOS
Limpiais Acaricieis Averiguais Cantariais Buey
Estudiariais Votariais Reuniriais Miau
Ensuciais
Partiais Denuncieis Partiríais
Subiais Guay Uruguay Bailariais Paraguay
Reñiais Bebiais Comeriais
Estudieis
LENGUA - DIPTONGOS, TRIPTONGOS E HIATOS
DIPTONGOS, TRIPTONGOS, HIATOS
Diptongo: dos vocales en contacto que están
en la misma sílaba.
Ej:
ca-mión
Triptongo: tres vocales en contacto
(cerrada-abierta-cerrada) que están en la misma sílaba.
Ej:
cam-biáis
Hiato: dos vocales en contacto que están en
distintas sílabas.
Ej: ca-o-ba
a, e, o : vocales abiertas
i, u: vocales cerradas
----------
o ----------
- Siempre
que haya dos vocales abiertas es un hiato. La palabra se acentúa según las
reglas generales de acentuación.
Ej:
ca-o-ba > no lleva tilde porque es llana y acaba en vocal.
- Siempre
que haya una vocal abierta y otra cerrada, y la vocal cerrada lleve tilde,
es un hiato.
Ej:
An-da-lu-cí-a
- Cuando
haya una vocal abierta y una cerrada y no sepas si es diptongo o hiato, y
si se acentúa o no, sigue los siguientes pasos:
- Comprueba
si la vocal que suena más es la abierta, la cerrada u otra.
Ej: fue Raul lengua
- Si suena
más la vocal abierta u otra parte de la palabra, es un diptongo y se
acentúa según las reglas generales de acentuación.
Ej: fue. Es un monosílabo y
éstos no se acentúan.
Ej:
len-gua. Es llana, acabada en vocal: no lleva tilde.
- Si suena
más la vocal cerrada, es un hiato y se acentúa siempre en la vocal
cerrada.
Ej: Ra-úl
- Cuando
haya dos vocales cerradas y no sepas si es diptongo o hiato, y si se
acentúa o no, sigue los siguientes pasos:
- Comprueba
si las vocales suenan juntas o separadas.
Ej: bui-tre je-su-i-ta
- Si suenan
juntas, es un diptongo y se acentúa según las reglas generales de
acentuación.
Ej: bui-tre > no lleva tilde
porque es llana y acaba en vocal.
- Si suenan
separadas, es un hiato y se acentúan según las reglas generales de
acentuación.
Ej: je-su-i-ta > no lleva
tilde porque es llana y acaba en vocal.
- Los
triptongos se acentúan según las reglas generales de acentuación. Cuando
las palabras llevan tilde, ésta se pone sobre la vocal abierta o central.
Ej: cam-biáis > lleva
tilde porque es aguda y acaba en –s.
martes, 21 de mayo de 2013
LENGUA - La poesía desde 1936
Texto 1. Insomnio, de Dámaso Alonso
Madrid es una ciudad de más de un
millón de cadáveres
(según las últimas estadísticas).
A veces en la noche yo me revuelvo y me incorporo en este nicho
A veces en la noche yo me revuelvo y me incorporo en este nicho
en el que hace 45 años que me
pudro,
y paso largas horas oyendo gemir al huracán, o ladrar los perros,
y paso largas horas oyendo gemir al huracán, o ladrar los perros,
o fluir blandamente la luz de la
luna.
Y paso largas horas gimiendo como el huracán, ladrando
Y paso largas horas gimiendo como el huracán, ladrando
como un perro enfurecido, fluyendo
como la leche
de la ubre caliente de una gran
vaca amarilla.
Y paso largas horas preguntándole a Dios, preguntándole
Y paso largas horas preguntándole a Dios, preguntándole
por qué se pudre lentamente mi
alma,
por qué se pudren más de un millón de cadáveres
por qué se pudren más de un millón de cadáveres
en esta ciudad de Madrid,
por qué mil millones de cadáveres se pudren lentamente
por qué mil millones de cadáveres se pudren lentamente
en el mundo.
Dime, ¿qué huerto quieres abonar con nuestra podredumbre?
¿Temes que se te sequen los grandes rosales del día,
Dime, ¿qué huerto quieres abonar con nuestra podredumbre?
¿Temes que se te sequen los grandes rosales del día,
las tristes azucenas letales de tus
noches?
Texto 2: La poesía es un arma
cargada de futuro, de Gabriel Celaya
Porque vivimos a golpes, porque
apenas si nos dejan
decir que somos quien somos,
nuestros cantares no pueden ser sin pecado un adorno.
Estamos tocando el fondo.
Maldigo la poesía concebida como un lujo
cultural por los neutrales
que, lavándose las manos, se desentienden y evaden.
Maldigo la poesía de quien no toma partido hasta mancharse.
Hago mías las faltas. Siento en mí a cuantos sufren
y canto respirando.
Canto, y canto, y cantando más allá de mis penas
personales, me ensancho.
Quisiera daros vida, provocar nuevos actos,
y calculo por eso con técnica qué puedo.
Me siento un ingeniero del verso y un obrero
que trabaja con otros a España en sus aceros.
Tal es mi poesía: poesía-herramienta
a la vez que latido de lo unánime y ciego.
Tal es, arma cargada de futuro expansivo
con que te apunto al pecho.
decir que somos quien somos,
nuestros cantares no pueden ser sin pecado un adorno.
Estamos tocando el fondo.
Maldigo la poesía concebida como un lujo
cultural por los neutrales
que, lavándose las manos, se desentienden y evaden.
Maldigo la poesía de quien no toma partido hasta mancharse.
Hago mías las faltas. Siento en mí a cuantos sufren
y canto respirando.
Canto, y canto, y cantando más allá de mis penas
personales, me ensancho.
Quisiera daros vida, provocar nuevos actos,
y calculo por eso con técnica qué puedo.
Me siento un ingeniero del verso y un obrero
que trabaja con otros a España en sus aceros.
Tal es mi poesía: poesía-herramienta
a la vez que latido de lo unánime y ciego.
Tal es, arma cargada de futuro expansivo
con que te apunto al pecho.
Texto 3: Inventario de lugares
propicios para el amor, de Ángel González
Son
pocos.
La primavera está muy prestigiada, pero
es mejor el verano.
Y también esas grietas que el otoño
forma al interceder con los domingos
en algunas ciudades
ya de por sí amarillas como plátanos.
El invierno elimina muchos sitios:
quicios de puertas orientadas al norte,
orillas de los ríos,
bancos públicos.
Los contrafuertes exteriores
de las viejas iglesias
dejan a veces huecos
utilizables aunque caiga nieve.
Pero desengañémonos: las bajas
temperaturas y los vientos húmedos
lo dificultan todo.
Las ordenanzas, además, proscriben
la caricia (con exenciones
para determinadas zonas epidérmicas
-sin interés alguno-
en niños, perros y otros animales)
y el «no tocar, peligro de ignominia»
puede leerse en miles de miradas.
¿A dónde huir, entonces?
Por todas partes ojos bizcos,
córneas torturadas,
implacables pupilas,
retinas reticentes,
vigilan, desconfían, amenazan.
Queda quizá el recurso de andar solo,
de vaciar el alma de ternura
y llenarla de hastío e indiferencia,
en este tiempo hostil, propicio al odio.
La primavera está muy prestigiada, pero
es mejor el verano.
Y también esas grietas que el otoño
forma al interceder con los domingos
en algunas ciudades
ya de por sí amarillas como plátanos.
El invierno elimina muchos sitios:
quicios de puertas orientadas al norte,
orillas de los ríos,
bancos públicos.
Los contrafuertes exteriores
de las viejas iglesias
dejan a veces huecos
utilizables aunque caiga nieve.
Pero desengañémonos: las bajas
temperaturas y los vientos húmedos
lo dificultan todo.
Las ordenanzas, además, proscriben
la caricia (con exenciones
para determinadas zonas epidérmicas
-sin interés alguno-
en niños, perros y otros animales)
y el «no tocar, peligro de ignominia»
puede leerse en miles de miradas.
¿A dónde huir, entonces?
Por todas partes ojos bizcos,
córneas torturadas,
implacables pupilas,
retinas reticentes,
vigilan, desconfían, amenazan.
Queda quizá el recurso de andar solo,
de vaciar el alma de ternura
y llenarla de hastío e indiferencia,
en este tiempo hostil, propicio al odio.
jueves, 2 de mayo de 2013
LENGUA Y LITERATURA - Lírica del 27
1. El prendimiento, Federico García Lorca
Antonio Torres Heredia,
hijo y nieto de Camborios,
con una vara de mimbre
va a Sevilla a ver los toros.
Moreno de verde luna
anda despacio y garboso.
Sus empavonados bucles
le brillan entre los ojos.
A la mitad del camino
cortó limones redondos,
y los fue tirando al agua
hasta que la puso de oro.
Y a la mitad del camino,
bajo las ramas de un olmo,
guardia civil caminera
lo llevó codo con codo.
El día se va despacio,
la tarde colgada a un hombro,
dando una larga torera
sobre el mar y los arroyos. […]
hijo y nieto de Camborios,
con una vara de mimbre
va a Sevilla a ver los toros.
Moreno de verde luna
anda despacio y garboso.
Sus empavonados bucles
le brillan entre los ojos.
A la mitad del camino
cortó limones redondos,
y los fue tirando al agua
hasta que la puso de oro.
Y a la mitad del camino,
bajo las ramas de un olmo,
guardia civil caminera
lo llevó codo con codo.
El día se va despacio,
la tarde colgada a un hombro,
dando una larga torera
sobre el mar y los arroyos. […]
Antonio Torres Heredia,
hijo y nieto de Camborios,
viene sin vara de mimbre
entre los cinco tricornios. […]
hijo y nieto de Camborios,
viene sin vara de mimbre
entre los cinco tricornios. […]
A las nueve de la noche
lo llevan al calabozo,
mientras los guardias civiles
beben limonada todos.
Y a las nueve de la noche
le cierran el calabozo,
mientras el cielo reluce
como la grupa de un potro.
2. Perdóname por así…, Pedro Salinas
lo llevan al calabozo,
mientras los guardias civiles
beben limonada todos.
Y a las nueve de la noche
le cierran el calabozo,
mientras el cielo reluce
como la grupa de un potro.
2. Perdóname por así…, Pedro Salinas
Perdóname por ir
así buscándote
tan torpemente,
dentro
de ti.
Perdóname el
dolor, alguna vez.
Es que quiero
sacar
de ti tu mejor tú.
Ese que no te
viste y que yo veo,
nadador por tu
fondo, preciosísimo.
Y cogerlo
y tenerlo yo en
alto como tiene
el árbol la luz
última
que le ha
encontrado al sol.
Y entonces tú
en su busca
vendrías, a lo alto.
Para llegar a él
subida sobre ti,
como te quiero,
tocando ya tan
só1o a tu pasado
con las puntas
rosadas de tus pies,
en tensión todo el
cuerpo, ya ascendiendo
de ti a ti misma.
Y que a mi amor
entonces le conteste
la nueva criatura
que tú eras.
3. Si el hombre pudiera
decir…, Luis Cernuda
Si el hombre pudiera decir lo que ama,
si el hombre pudiera levantar su amor por el cielo
como una nube en la luz;
si como muros que se derrumban,
para saludar la verdad erguida en medio,
pudiera derrumbar su cuerpo,
dejando sólo la verdad de su amor,
la verdad de sí mismo,
que no se llama gloria, fortuna o ambición,
sino amor o deseo,
yo sería aquel que imaginaba;
aquel que con su lengua, sus ojos y sus manos
proclama ante los hombres la verdad ignorada,
la verdad de su amor verdadero.
Libertad no conozco sino la libertad de estar preso en alguien
cuyo nombre no puedo oír sin escalofrío;
alguien por quien me olvido de esta existencia mezquina
por quien el día y la noche son para mí lo que quiera,
y mi cuerpo y espíritu flotan en su cuerpo y espíritu
como leños perdidos que el mar anega o levanta
libremente, con la libertad del amor,
la única libertad que me exalta,
la única libertad por que muero.
Tú justificas mi existencia:
si no te conozco, no he vivido;
si muero sin conocerte, no muero, porque no he vivido.
si el hombre pudiera levantar su amor por el cielo
como una nube en la luz;
si como muros que se derrumban,
para saludar la verdad erguida en medio,
pudiera derrumbar su cuerpo,
dejando sólo la verdad de su amor,
la verdad de sí mismo,
que no se llama gloria, fortuna o ambición,
sino amor o deseo,
yo sería aquel que imaginaba;
aquel que con su lengua, sus ojos y sus manos
proclama ante los hombres la verdad ignorada,
la verdad de su amor verdadero.
Libertad no conozco sino la libertad de estar preso en alguien
cuyo nombre no puedo oír sin escalofrío;
alguien por quien me olvido de esta existencia mezquina
por quien el día y la noche son para mí lo que quiera,
y mi cuerpo y espíritu flotan en su cuerpo y espíritu
como leños perdidos que el mar anega o levanta
libremente, con la libertad del amor,
la única libertad que me exalta,
la única libertad por que muero.
Tú justificas mi existencia:
si no te conozco, no he vivido;
si muero sin conocerte, no muero, porque no he vivido.
lunes, 1 de abril de 2013
LENGUA - Textos Federico García Lorca (UD 8)
TEXTO I
(Aparece
la novia. Viene sin azahar y con un manto negro)
VECINA.-
(Viendo a la Novia, con rabia) ¿Dónde vas?
NOVIA.-
Aquí vengo.
MADRE.-
(A la VECINA) ¿Quién es?
VECINA.-
¿No la reconoces?
MADRE.-
Por eso pregunto quién es. Porque tengo que reconocerla, para no clavarla mis
dientes en el cuello. ¡Víbora! (Se dirige hacia la NOVIA con ademán fulminante;
se detiene. A la VECINA) ¿La ves? Está ahí, y está llorando, y yo quieta, sin
arrancarle los ojos. No me entiendo. ¿Será que yo no quería a mi hijo? Pero, ¿y
su honra? ¿Dónde está su honra? (Golpea a la NOVIA. Ésta cae al suelo)
VECINA.-
¡Por Dios! (Trata de separarlas)
NOVIA.-
(A la VECINA) Déjala; he venido para que me mate y que me lleven con ellos. (A
la MADRE) Pero no con las manos; con garfios de alambre, con una hoz, y con
fuerza, hasta que se rompa en mis huesos. ¡Déjala! Que quiero que sepa que yo
soy limpia, que estaré loca, pero que me pueden enterrar sin que ningún hombre
se haya mirado en la blancura de mis pechos.
TEXTO II
Adela: Pepe el Romano es mío. Él me lleva a los
juncos de la orilla.
Martirio: ¡No será!
Adela: Ya no aguanto el horror de
estos techos después de haber probado el sabor de su boca. Seré lo que él
quiera que sea. Todo el pueblo contra mí, quemándome con sus dedos de lumbre,
perseguida por las que dicen que son decentes, y me pondré delante de todos la
corona de espinas que tienen las que son queridas de algún hombre casado.
Martirio: ¡Calla!
Adela: Sí, sí. (En voz baja) Vamos a dormir,
vamos a dejar que se case con Angustias. Ya no me importa. Pero yo me iré a una
casita sola donde él me verá cuando quiera, cuando le venga en gana […]
(Se oye un silbido y Adela corre a la puerta, pero Martirio se
le pone delante […] Aparece Bernarda. Sale en enaguas, con un mantón negro).
Martirio: ¿Dónde vas?
Adela: ¡Quítate de la puerta!
Martirio: ¡Pasa si puedes!
Adela: ¡Aparta! (Lucha)
Martirio (A voces): ¡Madre, madre!
(Aparece Bernarda. Sale en
enaguas, con un mantón negro)
Bernarda: Quietas, quietas. !Qué pobreza la mía, no poder tener un rayo
entre los dedos!
Martirio (Señalando a Adela): ¡Estaba con él ¡Mira esas enaguas llenas de
paja de trigo!
Bernarda: ¡Esa es la cama de las mal nacidas! (Se dirige furiosa hacia
Adela)
Adela: (Haciéndole frente): ¡Aquí se acabaron las voces de presidio!
(Adela arrebata el bastón a su madre y lo parte en dos). Esto hago yo con la
vara de la dominadora. No dé usted un paso más. En mí no manda nadie más que Pepe.
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