TEXTO I
(Aparece
la novia. Viene sin azahar y con un manto negro)
VECINA.-
(Viendo a la Novia, con rabia) ¿Dónde vas?
NOVIA.-
Aquí vengo.
MADRE.-
(A la VECINA) ¿Quién es?
VECINA.-
¿No la reconoces?
MADRE.-
Por eso pregunto quién es. Porque tengo que reconocerla, para no clavarla mis
dientes en el cuello. ¡Víbora! (Se dirige hacia la NOVIA con ademán fulminante;
se detiene. A la VECINA) ¿La ves? Está ahí, y está llorando, y yo quieta, sin
arrancarle los ojos. No me entiendo. ¿Será que yo no quería a mi hijo? Pero, ¿y
su honra? ¿Dónde está su honra? (Golpea a la NOVIA. Ésta cae al suelo)
VECINA.-
¡Por Dios! (Trata de separarlas)
NOVIA.-
(A la VECINA) Déjala; he venido para que me mate y que me lleven con ellos. (A
la MADRE) Pero no con las manos; con garfios de alambre, con una hoz, y con
fuerza, hasta que se rompa en mis huesos. ¡Déjala! Que quiero que sepa que yo
soy limpia, que estaré loca, pero que me pueden enterrar sin que ningún hombre
se haya mirado en la blancura de mis pechos.
TEXTO II
Adela: Pepe el Romano es mío. Él me lleva a los
juncos de la orilla.
Martirio: ¡No será!
Adela: Ya no aguanto el horror de
estos techos después de haber probado el sabor de su boca. Seré lo que él
quiera que sea. Todo el pueblo contra mí, quemándome con sus dedos de lumbre,
perseguida por las que dicen que son decentes, y me pondré delante de todos la
corona de espinas que tienen las que son queridas de algún hombre casado.
Martirio: ¡Calla!
Adela: Sí, sí. (En voz baja) Vamos a dormir,
vamos a dejar que se case con Angustias. Ya no me importa. Pero yo me iré a una
casita sola donde él me verá cuando quiera, cuando le venga en gana […]
(Se oye un silbido y Adela corre a la puerta, pero Martirio se
le pone delante […] Aparece Bernarda. Sale en enaguas, con un mantón negro).
Martirio: ¿Dónde vas?
Adela: ¡Quítate de la puerta!
Martirio: ¡Pasa si puedes!
Adela: ¡Aparta! (Lucha)
Martirio (A voces): ¡Madre, madre!
(Aparece Bernarda. Sale en
enaguas, con un mantón negro)
Bernarda: Quietas, quietas. !Qué pobreza la mía, no poder tener un rayo
entre los dedos!
Martirio (Señalando a Adela): ¡Estaba con él ¡Mira esas enaguas llenas de
paja de trigo!
Bernarda: ¡Esa es la cama de las mal nacidas! (Se dirige furiosa hacia
Adela)
Adela: (Haciéndole frente): ¡Aquí se acabaron las voces de presidio!
(Adela arrebata el bastón a su madre y lo parte en dos). Esto hago yo con la
vara de la dominadora. No dé usted un paso más. En mí no manda nadie más que Pepe.
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