Texto 1. Sonatina (Rubén Darío)
La princesa está triste... ¿Qué tendrá la princesa?
Los suspiros se escapan de su boca de fresa,
que ha perdido la risa, que ha perdido el color.
La princesa está pálida en su silla de oro,
está mudo el teclado de su clave sonoro,
y en un vaso, olvidada, se desmaya una flor.
El jardín puebla el triunfo de los pavos reales.
Parlanchina, la dueña dice cosas banales,
y vestido de rojo piruetea el bufón.
La princesa no ríe, la princesa no siente;
la princesa persigue por el cielo de Oriente
la libélula[1] vaga de una vaga ilusión.
¿Piensa, acaso, en el príncipe de Golconda[2] o de China,
o en el que ha detenido su carroza argentina
para ver de sus ojos la dulzura de luz?
¿O en el rey de las islas de las rosas fragantes,
o en el que es soberano de los claros diamantes,
o en el dueño orgulloso de las perlas de Ormuz?
¡Ay!, la pobre princesa de la boca de rosa
quiere ser golondrina, quiere ser mariposa,
tener alas ligeras, bajo el cielo volar;
ir al sol por la escala luminosa de un rayo,
saludar a los lirios con los versos de mayo
o perderse en el viento sobre el trueno del mar.
Ya no quiere el palacio, ni la rueca de plata,
ni el halcón encantado, ni el bufón escarlata,
ni los cisnes unánimes en el lago de azur[3].
Y están tristes las flores por la flor de la corte,
los jazmines de Oriente, los nelumbos del Norte,
de Occidente las dalias y las rosas del Sur.
¡Pobrecita princesa de los ojos azules!
Está presa en sus oros, está presa en sus tules,
en la jaula de mármol del palacio real;
el palacio soberbio que vigilan los guardas,
que custodian cien negros con sus cien alabardas,
un lebrel que no duerme y un dragón colosal.
¡Oh, quién fuera hipsipila que dejó la crisálida!
(La princesa está triste, la princesa está pálida)
¡Oh visión adorada de oro, rosa y marfil!
¡Quién volara a la tierra donde un príncipe existe,
—la princesa está pálida, la princesa está triste—,
más brillante que el alba, más hermoso que abril!
—«Calla, calla, princesa —dice el hada madrina—;
en caballo, con alas, hacia acá se encamina,
en el cinto la espada y en la mano el azor,
el feliz caballero que te adora sin verte,
y que llega de lejos, vencedor de la Muerte,
a encenderte los labios con un beso de amor».
Texto 2. Desnuda está la tierra (Antonio Machado)
Desnuda está la tierra,
y el alma aúlla al horizonte pálido
como loba famélica. ¿Qué buscas,
poeta, en el ocaso?
Amargo caminar, porque el camino
pesa en el corazón. ¡El viento helado,
y la noche que llega, y la amargura
de la distancia!… En el camino blanco
algunos yertos árboles negrean;
en los montes lejanos
hay oro y sangre… El sol murió…
¿Qué buscas, poeta, en el ocaso?
Texto 3. Anoche cuando dormía (Antonio Machado)
Anoche cuando dormía
soñé ¡bendita ilusión!
que una fontana fluía
dentro de mi corazón.
Dí: ¿por qué acequia escondida,
agua, vienes hasta mí,
manantial de nueva vida
en donde nunca bebí?
Anoche cuando dormía
soñé ¡bendita ilusión!
que una colmena tenía
dentro de mi corazón;
y las doradas abejas
iban fabricando en él,
con las amarguras viejas,
blanca cera y dulce miel.
Anoche cuando dormía
soñé ¡bendita ilusión!
que un ardiente sol lucía
dentro de mi corazón.
Era ardiente porque daba
calores de rojo hogar,
y era sol porque alumbraba
y porque hacía llorar.
Anoche cuando dormía
soñé ¡bendita ilusión!
que era Dios lo que tenía
dentro de mi corazón.
Texto 4. Un ente de ficción (Miguel de Unamuno)
- Es que tú no puedes suicidarte, aunque lo quieras.
- ¿Cómo? -exclamó al verse de tal modo negado y contradicho.
- Sí. Para que uno se pueda matar a sí mismo, ¿qué es menester? -le pregunté.
- Que tenga valor para hacerlo -me contestó.
- No -le dije-, ¡que esté vivo!
- ¡Desde luego!
- ¡Y tú no estás vivo!
- ¿Cómo que no estoy vivo?, ¿es que me he muerto? -Y empezó, sin darse clara cuenta de lo que hacía, a palparse a sí mismo.
- ¡No, hombre, no! -le repliqué-. Te dije antes que no estabas ni despierto ni dormido, y ahora te digo que no estás ni muerto ni vivo.
- ¡Acabe usted de explicarse de una vez, por Dios!, ¡acabe de explicarse! -me suplicó consternado-, porque son tales las cosas que estoy viendo y oyendo esta tarde, que temo volverme loco.
- Pues bien; la verdad es, querido Augusto -le dije con la más dulce de mis voces-, que no puedes matarte porque no estás vivo, y que no estás vivo, ni tampoco muerto, porque no existes ...
- ¿Cómo que no existo? -exclamó.
- No, no existes más que como ente de ficción; no eres, pobre Augusto, más que un producto de mi fantasía y de las de aquellos de mis lectores que lean el relato que de tus fingidas venturas y malandanzas he escrito yo; tú no eres más que un personaje de novela, o de nivola, o como quieras llamarle. Ya sabes, pues, tu secreto.
Al oír esto se quedó el pobre hombre mirándome un rato con una de esas miradas perforadoras que parecen atravesar la mira a ir más allá, miró luego un momento a mi retrato al óleo que preside a mis libros, le volvió el color y el aliento, fue recobrándose, se hizo dueño de sí, apoyó los codos en mi camilla, a que estaba arrimado frente a mí y, la cara en las palmas de las manos y mirándome con una sonrisa en los ojos, me dijo lentamente:
- Mire usted bien, don Miguel ... no sea que esté usted equivocado y que ocurra precisamente todo lo contrario de lo que usted se cree y me dice.
- Y ¿qué es lo contrario? -le pregunté alarmado de verle recobrar vida propia.
- No sea, mi querido don Miguel -añadió-, que sea usted y no yo el ente de ficción, el que no existe en realidad, ni vivo, ni muerto ... No sea que usted no pase de ser un pretexto para que mi historia llegue al mundo ...
- ¡Eso más faltaba! -exclamé algo molesto.
- No se exalte usted así, señor de Unamuno -me replicó-, tenga calma. Usted ha manifestado dudas sobre mi existencia ...
- Dudas no -le interrumpí-; certeza absoluta de que tú no existes fuera de mi producción novelesca.
Texto 5. A mi buitre (Miguel de Unamuno)
Este buitre voraz de ceño torvo
que me devora las entrañas fiero
y es mi único constante compañero
labra mis penas con su pico corvo.
El día en que le toque el postrer sorbo
apurar de mi negra sangre, quiero
que me dejéis con él solo y señero
un momento, sin nadie como estorbo.
Pues quiero, triunfo haciendo mi agonía
mientras él mi último despojo traga,
sorprender en sus ojos la sombría
mirada al ver la suerte que le amaga
sin esta presa en que satisfacía
el hambre atroz que nunca se le apaga
que me devora las entrañas fiero
y es mi único constante compañero
labra mis penas con su pico corvo.
El día en que le toque el postrer sorbo
apurar de mi negra sangre, quiero
que me dejéis con él solo y señero
un momento, sin nadie como estorbo.
Pues quiero, triunfo haciendo mi agonía
mientras él mi último despojo traga,
sorprender en sus ojos la sombría
mirada al ver la suerte que le amaga
sin esta presa en que satisfacía
el hambre atroz que nunca se le apaga
Texto 6. El árbol de la ciencia (Pío Baroja)
- ¿Y qué? —replicó Andrés—. Uno tiene la angustia, la desesperación de no saber qué hacer con la vida, de no tener un plan, de encontrarse perdido, sin brújula, sin luz adonde dirigirse. ¿Qué se hace con la vida? ¿Qué dirección se le da? […]
Yo en el fondo estoy convencido de que la verdad en bloque es mala para la vida. Esa anomalía de la naturaleza que se llama la vida necesita estar basada en el capricho, quizá en la mentira […] Tú habrás leído que en el centro del paraíso había dos árboles, el árbol de la vida y el árbol de la ciencia del bien y del mal. El árbol de la vida era inmenso, frondoso, y, según algunos santos padres, daba la inmortalidad. El árbol de la ciencia no se dice cómo era; probablemente sería mezquino y triste. ¿Y tú sabes lo que le dijo Dios a Adán?
- No recuerdo; la verdad.
- Pues al tenerle a Adán delante, le dijo: Puedes comer todos los frutos del jardín; pero cuidado con el fruto del árbol de la ciencia del bien y del mal, porque el día que tú comas su fruto morirás de muerte.
Texto 7. Luces de bohemia (Valle-Inclán)
El calabozo. Sótano mal alumbrado por una candileja. En la sombra, se mueve el bulto de un hombre.-Blusa, tapabocas y alpargatas -. Pasea hablando solo. Repentinamente se abre la puerta. MAX ESTRELLA,empujado y trompicando, rueda al fondo del calabozo. Se cierra de golpe la puerta.
_MAX .- ¡Canallas! ¡Asalariados! ¡Cobardes!
_VOZ FUERA.-¡Aún vas a llevar mancuerda!
_MAX .- Esbirro!
Sale de la tiniebla el bulto del hombre morador del calabozo. Bajo la luz se le ve esposado, con la cara llena de sangre.
_EL PRESO.-¡Buenas noches!
_MAX .- ¿,No estoy solo?
_EL PRESO.-Así parece.
_MAX .- ¿Quién eres, compañero?
_EL PRESO.-Un paria […]
_MAX .- ¿Eres anarquista?
_EL PRESO.- Soy lo que me han hecho las Leyes.
_MAX .- Pertenecemos a la misma Iglesia.
_EL PRESO.- Usted lleva chalina.
_MAX .- ¡El dogal de la más horrible servidumbre! Me lo arrancaré, para que hablemos.
_EL PRESO.- Usted no es proletario.
_MAX .- Yo soy el dolor de un mal sueño.
_EL PRESO.- Parece usted hombre de luces. Su hablar es como de otros tiempos.
_MAX .- Yo soy un poeta ciego.
_EL PRESO.- ¡No es pequeña desgracia...! En España el trabajo y la inteligencia siempre se han visto menospreciados. Aquí todo lo manda el dinero […]
_MAX .- Dame la mano.
_EL PRESO.- Estoy esposado.
_MAX .- ¿Eres joven? No puedo verte.
_El, PRESO.-Soy joven: Treinta años.
_MAX .- ¿De qué te acusan?
_EL PRESO.-Es cuento largo. Soy tachado de rebelde... No quise dejar el telar por ir a la guerra y levanté un motín en la fábrica [...] Conozco la suerte que me espera: Cuatro tiros por intento de fuga. Bueno. Si no es más que eso.
_MAX .- ¿Pues qué temes?
_EL PRESO.- Que se diviertan dándome tormento.
_MAX .- ¡Bárbaros! […] Los ricos y los pobres, la barbarie ibérica es unánime.
_EL PRESO.- ¡Todos!
_MAX .- ¡Todos! ¿Mateo, dónde está la bomba que destripe el terrón maldito de España?
_EL PRESO.- ¡Señor poeta, que tanto adivina, no ha visto usted una mano levantada?
Se abre la puerta del calabozo y EL LLAVERO, con jactancia de rufo, ordena al preso maniatado que le acompañe.
_EL LLAVERO.- ¡Tú, catalán, disponte!
_EL PRESO.- Estoy dispuesto.
_EL LLAVERO.- Pues andando. Gachó, vas a salir en viaje de recreo.
El esposado, con resignada entereza, se acerca al ciego y le toca el hombro con la barba: Se despide hablando a media voz.
_EL PRESO.- Llegó la mía... Creo que no volveremos a vemos...
_MAX .- ¡Es horrible!
_EL PRESO.- Van a matarme... ¿Qué dirá mañana esa Prensa canalla?
_MAX .- Lo que le manden.
_EL PRESO.- ¿Está usted llorando?
_MAX .- De impotencia y de rabia. Abracémonos, hermano.