jueves, 2 de mayo de 2013

LENGUA Y LITERATURA - Lírica del 27


1. El prendimiento, Federico García Lorca

Antonio Torres Heredia, 
hijo y nieto de Camborios, 
con una vara de mimbre 
va a Sevilla a ver los toros. 
Moreno de verde luna 
anda despacio y garboso. 
Sus empavonados bucles 
le brillan entre los ojos. 
A la mitad del camino 
cortó limones redondos, 
y los fue tirando al agua 
hasta que la puso de oro. 
Y a la mitad del camino, 
bajo las ramas de un olmo, 
guardia civil caminera 
lo llevó codo con codo. 
El día se va despacio, 
la tarde colgada a un hombro, 
dando una larga torera 
sobre el mar y los arroyos. […]
Antonio Torres Heredia, 
hijo y nieto de Camborios, 
viene sin vara de mimbre 
entre los cinco tricornios. […]
A las nueve de la noche 
lo llevan al calabozo, 
mientras los guardias civiles 
beben limonada todos. 
Y a las nueve de la noche 
le cierran el calabozo, 
mientras el cielo reluce 
como la grupa de un potro.


2. Perdóname por así…, Pedro Salinas

Perdóname por ir así buscándote
tan torpemente, dentro
de ti.
Perdóname el dolor, alguna vez.
Es que quiero sacar
de ti tu mejor tú.
Ese que no te viste y que yo veo,
nadador por tu fondo, preciosísimo.
Y cogerlo
y tenerlo yo en alto como tiene
el árbol la luz última
que le ha encontrado al sol.
Y entonces tú                                          
en su busca vendrías, a lo alto.
Para llegar a él
subida sobre ti, como te quiero,
tocando ya tan só1o a tu pasado
con las puntas rosadas de tus pies,
en tensión todo el cuerpo, ya ascendiendo
de ti a ti misma.
Y que a mi amor entonces le conteste
la nueva criatura que tú eras.

3. Si el hombre pudiera decir…, Luis Cernuda

Si el hombre pudiera decir lo que ama, 
si el hombre pudiera levantar su amor por el cielo 
como una nube en la luz; 
si como muros que se derrumban, 
para saludar la verdad erguida en medio, 
pudiera derrumbar su cuerpo, 
dejando sólo la verdad de su amor, 
la verdad de sí mismo, 
que no se llama gloria, fortuna o ambición, 
sino amor o deseo, 
yo sería aquel que imaginaba; 
aquel que con su lengua, sus ojos y sus manos 
proclama ante los hombres la verdad ignorada, 
la verdad de su amor verdadero. 

Libertad no conozco sino la libertad de estar preso en alguien 
cuyo nombre no puedo oír sin escalofrío; 
alguien por quien me olvido de esta existencia mezquina 
por quien el día y la noche son para mí lo que quiera, 
y mi cuerpo y espíritu flotan en su cuerpo y espíritu 
como leños perdidos que el mar anega o levanta 
libremente, con la libertad del amor, 
la única libertad que me exalta, 
la única libertad por que muero. 

Tú justificas mi existencia: 
si no te conozco, no he vivido; 
si muero sin conocerte, no muero, porque no he vivido.

No hay comentarios:

Publicar un comentario